Publicado: 21 de Julio de 2016


Los insectos tienen varias formas de comunicarse, algunas de las cuales incluyen un lenguaje químico muy sofisticado, a través del uso de feromonas.

Las feromonas son mensajeros químicos emitidos por un organismo vivo, que provocan una reacción específica de comportamiento o incluso una modificación biológica en individuos de la misma especie. Las ratas, por ejemplo, tienen hasta 35 feromonas distintas. Al igual que los demás serés vivos, el ser humano segrega hormonas que produce de forma natural para comunicarse a niveles inconscientes; esas señales pueden ser para comunicar estados de ánimo, para indicarle a la comunidad si un individuo está sano o enfermo, o bien, para indicar la disponibilidad y compatibilidad sexual.

Cabe destacar que existen varios tipos de feromonas, según el efecto producido:

Feromonas de agregación: Las colonias o nidos donde viven los animales tienen un olor característico y propio, y produce un efecto llamada sobre los individuos, sea cual sea la fase de desarrollo en la que se encuentre. Las cucarachas tienen este tipo de feromonas que suelen expulsar cuando excretan. La feromona de agregación

Feromonas de disuasión:  Ciertos insectos segregan en el momento de la oviposición feromonas, cuya función es la de evitar que otros insectos puedan realizar otras puestas de huevos en la misma zona u objeto, de este modo, no competirían las larvas para su desarrollo.

Feromona de atracción sexual: Las emiten algunas especies, y normalmente la emisora es la hembra,  y tiene por objeto, hacerle saber al macho, que es el momento ideal para el apareamiento.

Feromonas de alarma: Se consideran feromonas de alarma las señales químicas que uno o varios individuos emiten cuando son perturbados por un intruso. Generalmente, inducen a un comportamiento en la colonia de dispersión, que se manifiesta por un rápido movimiento de huida del lugar donde están siendo molestados. Generalmente son de corta duración y los individuos dispersados se reagrupan posteriormente utilizando feromonas de agregación. Por ejemplo algunas especies de termitas exhiben una serie de movimientos oscilatorios cuando son molestadas, a la vez que emiten la feromona de alarma. Las feromonas de alarma también pueden provocar en la colonia un ataque al agresor, como es el caso de las abejas, que emiten acetato de amilo para provocar un ataque en masa.

Por lo tanto, las feromonas de alarma pueden provocar, según la especie de que se trate, de señales para realizar una huida, o señales para realizar un ataque en masa de la colonia.

El origen de la palabra feromona viene del griego y es la asociación de dos raíces griegas “pherein” (transportar) y “horman” (excitación).